Por qué un blog? Por qué este blog?

Este espacio fue pensado como una catarsis, un lugar donde volcar experiencias de vida, pensamientos, miradas críticas sobre la realidad. Es un ensayo de apertura en donde los filtros los ponen los lectores. Es un grito desesperado hacia el todo, desde la nada. Existirán temas de interés general que impliquen debate y otros que no merezcan un mísero comentario. Lo importante es que todos se sientan libres de expresarse, como yo. El Tano Gabino es la imagen que me quedó de mi viejo, con su manto y con mi mirada los invito a navegar, con el solo objeto de contribuir a la confusión mundial.

miércoles, 2 de junio de 2010

Vicente Nario

Vicente Nario es un hombre taciturno. De esos a los que las palabras hay que sacarselas a empellones, siempre precedidas por largos silencios. No tuvo la suerte de asistir al colegio. Su educación estuvo a cargo de sus padres y del entorno natural. Vive en medio del campo, en donde la comunicación es todo un arte. Se dedica al cultivo y una incipiente ganadería. En términos urbanos, podríamos decir que tiene un granja, puesto que además de una vaca, unas gallinas, dos pavos y una decena de patos, que habitan la acequia, también ha empezado a criar una chiva y una oveja.
Pero Vicente es mucho más modesto, habla de su terruño como un lugar de tránsito, y jamás diría "mis animales". No cree en la propiedad privada. Siente que todos somos seres libres y por eso no tiene cercos ni alambrados. Siente que los animales deciden quedarse por elección propia y no porque sea una orden imperativa de él.

Viudo hace ya más de 15 años, el destino así lo quizo y nunca se lo cuestionó. En general no es de los que cuestiona los designios de la vida, sino más bien es de los que acepta. DE NINGUNA manera eso debe ser interpretado como falta de carácter. Nada que ver. Si no pregúntenle a los Prieto, que alguna vez lo amenazaron con quitarle (Expropiarle es el término usado por esos atorrantes en aquella oportunidad) su tierra. Le vinieron con un cuento tirado de los pelos, hablaban de progreso y la necesidad de acortar distancias, de una carretera doblemano que uniría San Luis con San Juan.

Pobre de ellos. Salieron corridos por los azotes de Don Vicente. No mediaron muchas palabras entre ellos, las suficientes para entender que no venian de buena fé.

Tiene un hijo, que ahora tiene 17 y con mucho esfuerzo logró enviarlo a San Juan, a la casa de un cuñado para que pueda estudiar. Es difícil verlo esporádicamente, pero entiende que debe darle las opotunidades que él no tuvo.

Hay pocas cosas que irriten a Don Nario. Una de ellas es suponer que deba dejar la tierra que habita. Tierra en donde vivieron sus padres y abuelos. No es una cuestión de PROPIEDAD, es una cuestión de aquerenciamiento. Es lo úncio que conoce, es para lo que vive. Su día arranca con el amanecer y termina con al puesta del sol. Y las horas que distan a un momento del otro, solo se caracterizan por el trabajo y la meditación.

Uno podría pensar, ¿que hace todo el día en ese paraje?; tratando de ser benevolente con el entorno. Mucho. La rutina está presente como en cada persona, alimentar a los animales, higiene personal, provisión de alimentos propios, reparación de la vivienda, etc. Pero la innovación también tiene su espacio.

Ha diseñado una sistema de canales que traen agua desde las montañas hasta el paraje. Eso le permite darle agua a los animales y a él mismo. Ha diseñado un sistema de diques a escala, que facilitan el riego de las plantaciones. A generado en la choza dos ingresos (los arquitectos de las urbes lo denomirarían doble circulación)y dos salidas con el objetivo de aprovechar las corrientes de aire en verano y limitar el impacto del frío en invierno.

La meditación ocupa una parte importante del día, mientras prende una fogata, de usos múltiples, y pone una pava al fuego para calentar agua con destino a mates suele reencontrarse con sus pensamientos.

Los mismos son diversos pero siempre profundos. El sentido de la vida, la muerte, las emociones, la felicidad, son algunos de los temas que su mente repasa con frecuencia.

Sin embargo, desde hace un tiempo y producto de algunos comentarios que ha escuchado y le han acercado las veces que ha bajado al pueblo en busca de provisiones, reflexiona sobre la identidad.

Sorprendido por las novedades, fue él mismo quien escuchó en la radio su nombre. En la única transmisión radial que recibe el pueblo llegó a escuchar la siguiente frase "...la importancia del ser argentino al cumplirse 200 años del Bicentenario.."

Casi shockeado por lo que había escuchado, resistió de manera estoica las cargadas de sus congéneres que se reían de los 200 años de don Vicente. No entendía como su nombre podía estar siendo difundido por la radio y, sobre todo, como habían cometido grosero error, pudiendo suponer que tenía 200 años.

Para ser sinceros, no tenía muy en claro su propia edad. Por lo que los padres le dijeron su natacilio ocurrió el mismo día en que la tierra tembló como nunca, por lo que pudo saber eso fue en 1944, por lo tanto debería tener unos 66 años, pero de ninguna manera 200. No conocía a nadie que haya vivido tantos años. "Festejar los 200 años de Vicente Nario"...a quien se le ocurriría semejante cosa.

Pero estas confusiones anecdóticas, dejaron otro tema dando vuelta y que se relacionaba con el "ser argentino". Luego de mucho pensar, mate de por medio, entendía que esa frase actuaba como modelo, como un patrón, similar aquel que él hacía cuando tenía que armar postes para los diques y, entonces, hacía uno que actuaba de modelo para el resto.

Lo que no lograba comprender, era como el "Ser argentino" era relacionado con Vicente Nario.

Jamás su bhubiera considerado modelo. No existian motivos para serlo. Era una persona que vivía sin lujos, pero tampoco sin carencias. Trabajaba todo el día para procurarse sus alimentos y preveer contingencias que pudieran afectarlo. Amaba la tierra que habitaba y estaba dispuesto a defenderla, aun poniendo a riesgo su propia integridad física. Se esforzó durante años, negociando precios en el pubelo, vendiendo algunas pertenencias, realizando trabajos para terceros, con el único fin de garantizarle a su hijo el acceso a oportunidades que le permitieran un desarrollo que en su terruño no tendría. Su palabra siempre fue un documento, nunca firmó contratos, todos lo sabían y vastaba con que dijera me comprometo a...para que un acuerdo se cerrara.
Incondicional con sus afectos, recorrió 11 km con su mujer en brazos antes que falleciera en la sala del pueblo más cercano. Nunca pudo explicarle a su hijo de 2 años que la madre no estaría más y que a partir de ese momento serían sólo ellos para todo.

Quizás Vicente Nario nunca sepa, que su vida, sus esfuerzos, sus logros y pérdidas son mucho más que eso. Probablemente Don Nario muera desconociendo que exite un festejo del Bicentenario, gracias a miles de historias como las de él.

Lamentablemente nadie le dirá a Vicente que "el ser argentino" tiene los mismos valores sobre los que él basó su vida: esfuerzo, trabajo, honestidad, innovación, resiganción, visión de futuro, amor por la tierra y solidaridad.

De lo que si estoy seguro es que si lo carteles que decoraron la 9 de julio la semana de mayo, hubieran sido escritos como "El festejo por Vicente Nario", me hubiera sentido igual de orgulloso e identificado.

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